Superintendente Asambleas de Dios Hatí afirma situación es dificíl en su país
JIMANÍ.-Abrumado por la desgracia, el superintendente de las Asambleas de Dios de Haití, Calixte Fleuridor, dice que el terremoto del 12 de enero postró a Haití en una condición en la que no se puede vivir.Calixte Fleuridor, dice que el terremoto del 12 de enero postró a Haití en una condición en la que no se puede vivir.
“La realidad es que estamos ante una situación infrahumana. Tenemos un país cerrado y donde nada funciona, en término público y privado”, manifestó.
Salir a comprar cualquier cosa a la calle es perder el tiempo. No hay a donde ir. Todo ha quedado en el suelo, convertido en escombro.
Expuso que después de la siete de la noche, a las avenidas principales de dos vías se les cierra un tramo para que la gente se acueste a dormir en la noche.
El reporte de su organización es el siguiente: cientos y cientos de hermanos muertos, 15 iglesias destruidas y 24 casas pastorales desmoronadas e inhabitables.
Ya muchas iglesias dejaron de serlo porque la gente ha quedado desparramada.
“Y los hermanos sobrevivientes y que se han quedado en la comunidad, vienen a nosotros pidiendo que les ayudemos, pues lo han perdido todo, incluyendo familiares”, expresó.
Hay varios hijos de pastores y hermanos que murieron en las universidades. “Tenemos muchos miembros bajo los escombros”.
Esto ha traído desolación y tristeza en la familia haitiana. Nadie quiere entrar en las casas que han quedado de pie.
“El contacto con las instituciones dominicanas nos llena de ánimo y gozo. Este es un momento de dolor. El país está paralizado”.
Pánico
Calixte dijo que los creyentes no tienen donde ir. “Al llegar la noche duermen en los patios de las iglesias que quedaron. Nadie quiere meterse en un edificio”.
Es que no fue sólo un terremoto, después del fatídico martes 12 de enero, han ocurrido otros tantos movimientos telúricos, incluyendo uno de más de seis grados en la escala Richter.
El superintendente se encuentra en el ojo mismo de la desgracia. Su esposa y sus tres hijos no han vuelto a la casa después del terremoto de 7,9 grados.
Para descansar, duermen en el auto en cualquier lugar de la calle y comen de lo que reciben como ayuda. No tienen salarios ni nada para la subsistencia.
“A Haití hay que volver a construirlo. Pero las casas deberán ser diferentes. Usted le regala a cualquiera un edificio y nadie le presta atención. La gente le tiene miedo a las construcciones”, expresó.
Esto tocó también a las instituciones del Estado con la semidestrucción del Palacio Presidencial y el desmoronamiento completo los edificios de Justicia, Educación, la Policía y el Congreso.
Calixte dice que esto ha creado un gran vacío de poder.
Necesidades
Las ayudas que a diario llegan a Haití son vitales.
“Hemos recibido promesas de varias instituciones y países, pero República Dominicana ha estado a la cabeza, con todas sus instituciones, en cuanto a dar la mano a los haitianos”, afirma el ministro evangélico haitiano.
Sentado junto a pastores de las Asambleas de Dios de República Dominicana, cuenta que al desplazarse por las calles, la gente rodea su vehículo y él tiene que compartir el agua o lo que sea con los damnificados.
“Todo el mundo está orando por un nuevo Haití”. Yo creo que un país tan pequeño como este, siendo conocido ahora tras la tragedia, se convertirá en una nación nueva”, afirma con gran esperanza.
Hoy los haitianos están unidos, sin importar la religión o el partido político. Con fe levantan las manos a Dios pidiendo su misericordia.
El mismo día del temblor, la gente se unificó en masa para elevar plegarias al Todopoderoso en busca de auxilio.
Las necesidades urgentes son comidas, medicamentos, carpas, plantas eléctricas o cargadores solares.
A nivel de las iglesias, necesitan carpas para reunión, equipos de sonidos y musicales, contenedores para guardar herramientas, computadoras.
Debido al impacto del sismo, los haitianos están traumatizados. Es vital la asistencia de psicólogos y psiquiatras.
La lista incluye, también, clínicas móviles,
El fenómeno
El pastor Calixte narra con dolor lo ocurrido el día 12 de enero.
“Cuando ocurrió yo tomaba una siesta y sentí la cama moviéndose y me pregunté qué pasaba. Mis hijos gritaban. Pedí a Jesús que nos ayudara”.
Al salir a la calle viendo a gentes despavoridas corriendo sin rumbo fijo.
“Respiré profundo cuando vi a mi esposa”.
Dice que Haití nunca había pasado por una situación igual, pues hay más de 200 mil muertos.
Hay casas que no han sido abiertas y que están llenas de gente y lugares por donde no se puede pasar por el hedor.
“El segundo terremoto nos colocó en una posición de terror. Hasta cuando me voy a bañar lo hago con cuidado, no sé si en cualquier momento volvamos a repetir la misma situación”, concretiza.